Dr. Lorenzo Fácila: “El 80 % de las enfermedades cardiovasculares se pueden prevenir”

“La tecnología avanza, pero seguimos fallando en el estilo de vida” y “la prevención está en los pequeños hábitos cotidianos” son dos de las principales reflexiones que comparte el Dr. Lorenzo Fácila, cardiólogo especialista en insuficiencia cardíaca y riesgo cardiovascular del Consorcio Hospital General Universitario de Valencia, en el último programa de ‘Colegiados Médicos’ del ICOMV en COPE Valencia.
En esta entrevista, el Dr. Lorenzo Fácila aborda los principales factores de riesgo cardiovascular, la importancia de los hábitos saludables y los controles periódicos, el aumento de determinadas patologías entre pacientes jóvenes y los avances tecnológicos que están transformando la atención cardiológica.
Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo una de las principales causas de muerte. ¿Por qué siguen teniendo tanto impacto, pese a todos los avances médicos?
Estamos avanzando mucho en tecnología y en fármacos, pero seguimos fallando en el estilo de vida. La población está cada vez más envejecida y, además, arrastramos la epidemia silenciosa de los factores de riesgo: el sedentarismo, la comida basura, la obesidad y el estrés. Todo ello hace que la enfermedad cardiovascular siga aumentando.
¿Cuáles son las enfermedades del corazón más frecuentes que atendéis los cardiólogos?
Podríamos agruparlas en tres grandes bloques. El primero son las enfermedades isquémicas, es decir, las producidas por falta de riego del corazón. El segundo son las arritmias, que aparecen cuando se altera la electricidad del corazón y este deja de contraerse de forma regular. Y el tercero es la insuficiencia cardíaca, cuando el corazón pierde fuerza para bombear la sangre, ya sea por el envejecimiento o por enfermedades previas, como un infarto, lo que provoca síntomas como cansancio o fatiga.
Además, existen otras patologías como las cardiopatías congénitas, las miocarditis, los derrames alrededor del corazón o las infecciones de las válvulas, aunque son menos frecuentes.
Si tuviera que elegir un mensaje de prevención que todos deberíamos recordar para cuidar nuestro corazón, ¿cuál sería?
El mensaje principal es que el 80 % de las enfermedades cardiovasculares se pueden prevenir. Y para ello no hace falta hacer esfuerzos titánicos ni cambiar la vida de un día para otro. La prevención está en los pequeños hábitos cotidianos: evitar el sedentarismo, reducir el estrés, hacer ejercicio diario e incorporar una alimentación saludable.
Caminar más, subir escaleras o aparcar un poco más lejos son pequeños cambios que, mantenidos en el tiempo, ayudan a reducir el riesgo cardiovascular. Se trata de integrar esos hábitos saludables en el día a día.
¿Qué significa exactamente el riesgo cardiovascular y por qué es tan importante detectarlo antes de que aparezca la enfermedad?
El riesgo cardiovascular es la probabilidad de que una persona desarrolle una enfermedad cardíaca. Yo suelo explicarlo con el ejemplo de las papeletas para que te toque la lotería. Algunas las recibimos al nacer, como la predisposición genética, y otras vienen con la edad, sobre las que no podemos actuar. Pero hay muchas que las compramos nosotros: fumar, no controlar la hipertensión, el colesterol o la diabetes, o llevar una vida sedentaria. Cuantas más papeletas compras, mayor es la probabilidad de que aparezca una enfermedad cardiovascular.
Solemos pensar que las enfermedades del corazón aparecen en edades avanzadas. Pero ¿estamos viviendo problemas cardiovasculares cada vez más entre los jóvenes?
Lamentablemente, sí. No es una enfermedad exclusiva de personas mayores. Ya vemos pacientes que sufren un infarto con 40 o 45 años. El estrés, la falta de ejercicio, la mala alimentación y, sobre todo, el tabaquismo está favoreciendo que las enfermedades cardiovasculares aparezcan cada vez a edades más tempranas.
En los pacientes jóvenes, el tabaco sigue siendo el principal factor de riesgo. Además, observamos un mayor consumo de alimentos ultraprocesados y de determinadas sustancias, como las bebidas energéticas, que pueden provocar taquicardias, o los ciclos de testosterona utilizados para la musculación, que favorecen la aparición de insuficiencia cardíaca.
¿Hasta qué punto el estrés, el sedentarismo o dormir mal pueden afectar a la salud del corazón?
Pueden afectar de forma directa. Siempre digo que el ser humano está hecho para moverse. El sedentarismo favorece el aumento del colesterol y de otros factores de riesgo cardiovascular, por lo que mantenerse activo es fundamental.
El estrés también influye porque hace que nos cuidemos menos: dormimos peor, comemos a deshoras o incluso olvidamos la medicación. Además, altera mecanismos biológicos que aumentan el riesgo cardiovascular. Por eso también es importante dormir las horas que cada persona necesita, ya que se ha visto que quienes descansan menos de lo necesario presentan un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular.
Cuando alguien nota dolor en el pecho, ¿cómo puede distinguir una molestia sin importancia de una situación en la que debe acudir inmediatamente a urgencias?
Lo primero es valorar los factores de riesgo. No es lo mismo una persona joven, deportista y no fumadora que un paciente diabético, fumador o hipertenso. Si existe un dolor opresivo en el centro del pecho, como una losa, que se irradia al brazo izquierdo o a la mandíbula y se acompaña de sudoración, hay que llamar al 112.
En cambio, un dolor que aumenta con los movimientos o un pinchazo localizado normalmente no corresponde a un problema del corazón. Pero si el dolor tiene las características típicas y la persona presenta factores de riesgo, la recomendación es acudir de inmediato a urgencias.
¿Cuáles cree que serán los avances que más cambiarán la atención a los pacientes en los próximos años?
En cardiología estamos viendo avances muy importantes en los tratamientos. Han aparecido fármacos para la diabetes y la obesidad que, además de controlar estas enfermedades, reducen el riesgo cardiovascular, el número de infartos y la insuficiencia cardíaca. También la tecnología ha permitido realizar procedimientos que antes requerían cirugía, como el recambio de la válvula aórtica mediante catéteres.
Y, por supuesto, la inteligencia artificial nos va a ayudar mucho. Facilitará el diagnóstico por imagen, permitirá priorizar mejor las pruebas y contribuirá a monitorizar a los pacientes desde casa, ayudándonos a detectar antes posibles complicaciones. No solo transformará la cardiología, sino también el resto de las especialidades.
Cuando una persona recibe un diagnóstico de enfermedad cardíaca suele aparecer el miedo. ¿Qué papel juega el cardiólogo en ese acompañamiento, más allá del tratamiento?
Nuestro trabajo no consiste solo en recetar un tratamiento o poner un stent. También consiste en escuchar al paciente, conocer sus miedos, tranquilizarle y empoderarlo. Hoy en día, tener una enfermedad cardíaca no significa el fin de la vida ni de una buena calidad de vida. Con el tratamiento adecuado y siguiendo las recomendaciones, el paciente puede mantener una vida prácticamente normal.
La empatía también cura. Es importante que el paciente entienda su enfermedad y participe en las decisiones sobre su tratamiento. Cuando comprende lo que le ocurre y qué puede hacer para cuidarse, la adherencia al tratamiento mejora y también aumentan las posibilidades de éxito.
En su trayectoria ha defendido mucho la colaboración entre Atención Primaria y Cardiología. ¿Por qué es tan importante trabajar coordinadamente para cuidar mejor a los pacientes?
Siempre digo que el cardiólogo que se queda detrás de la mesa de despacho no va a solucionar nada. Hay que ir a Atención Primaria, que es donde están los pacientes y donde podemos hacer la prevención. Tenemos que trabajar de la mano: el médico de familia debe saber qué pacientes consultar al cardiólogo y nosotros cuáles pueden seguir siendo atendidos en Atención Primaria. Esa coordinación es fundamental para ofrecer una mejor atención y, sobre todo, para reforzar la prevención mediante la promoción de hábitos saludables.


